Historia de un ajetreado día en CDMX

Historia de un ajetreado día en CDMX

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Empieza mi día a las 4:30 de la mañana. Despertar temprano no me cuesta, pero sé que el esfuerzo me pasará factura más tarde. La idea de visitar Ciudad de México me emociona y quizá la idea de ir con mis amigos le agrega un poco de expectativa al día. Empiezo a prepararme el desayuno y a los pocos minutos mi papá se levanta y me dice que es muy temprano, después de varios años sigue sin darse cuenta que necesito, por lo menos una hora, para hacer mis cosas por la mañana.

Salgo de mi casa y me doy cuenta de que aún no han llegado por mí; tengo el tiempo contado para llegar a la Universidad, y me molesta que el transporte se haya retrasado. Por fin aparece y el conductor tiene que manejar rápido para que yo pueda llegar a tiempo. En el trayecto se me cae la mochila al suelo del taxi; no sabía que más tarde, este suceso afectaría el resto de mi día por razones que contaré más adelante. Cuando ya estoy a una calle del punto de reunión, veo a mis amigos y me tranquilizo porque, a partir de aquí, ya no nos separamos. Nuestra camioneta llega después y nos acomodamos en la parte de atrás. Una vez en camino, Kevin menciona emocionado que es su primer viaje escolar y a mí me causa gracia por lo genuino que a veces puede ser.

Después de varias horas atrapados en el tráfico de la Ciudad de México, finalmente llegamos la empresa A favor de lo mejor, donde sorpresivamente nos reciben con jugo, café y galletas antes de entrar a la plática, detalle que nos puso contentos a todos después del ajetreo del viaje. Al ver las calles de la ciudad no puedo evitar compararlas con las de Puebla y me doy cuenta de lo mucho que me gusta la Ciudad de México.

Regresamos a la camioneta para continuar el recorrido hacia un destino que no llamaba mucho mi atención, la agencia de publicidad Pico ADWORKS; a estas alturas mi cuerpo empieza a resentir el sueño y me da tristeza porque sé que no podré dormir por el resto del día. Llegamos a un edificio que se ve simple por fuera y cambia mi perspectiva cuando nos detenemos ante la entrada de la agencia. Las oficinas me dejan sorprendida; a pesar de ser un espacio pequeño resulta estar decorado entre tonos marrones, objetos curiosos y luces que crean una atmósfera muy agradable.  De inmediato me enamoro del concepto, se lo hago saber a Karla y me responde “parece un café”.

Después de la plática sobre los trabajos publicitarios que la agencia realiza, salimos de las oficinas y esperamos a que vengan por nosotros. En la espera perdemos tiempo que más tarde nos haría falta para comer tranquilamente, lo cual causa enojo entre mis compañeros, que ya tienen hambre. Nos llevan a una plaza y nos dicen que compremos rápido algo de comer, ya que vamos tarde para nuestro siguiente destino. Todos optamos por una opción rápida y terminamos comiendo en el coche.

Cuando llegamos a Google estamos visiblemente de mejor humor e incluso un poco emocionados. Algunos sacan sus cámaras y lentes porque todos sabemos de la peculiaridad que envuelve las oficinas del buscador más importante del mundo y de la cantidad de cosas inusuales que podemos encontrar en ellas. Al llegar nos registramos y nos conducen a una sala de conferencias. Nos sentamos donde preferimos y nos empiezan a hablar sobre las utilidades del correo de Gmail, después nos muestran lo que parece una laptop común y corriente, pero nos explican que tiene un sistema operativo que maneja toda la información en una nube; la nueva Chromebook.

Toda la conferencia se basa en la promoción de su nuevo producto, lo que me causa un poco de decepción, pues esperaba que nos explicaran las funciones de Google en México y el trabajo que se hace dentro de él. A mitad de la plática busco mis lentes en mi bolsa y no los encuentro, de inmediato viene a mi mente el momento en que mi mochila se me cae en el taxi, la preocupación por saber si seguirán ahí mañana me impide poner atención al resto de lo que nos dicen. Con el pendiente y los ojos ya cansados, me dispongo a dar el recorrido por la empresa. En el camino pienso que disfrutaría más la visita si pudiera ver bien.

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Finalmente, hacemos nuestra última parada en un espacio de coworking que me roba el aliento por la vista de su terraza, las luces que adornan el techo y el estilo con el que está decorado el lugar. En lo que parece una pequeña cocina hay bebidas y botanas que nos ponen muy felices; noto que Kevin ya no se despega de la barra durante el resto del evento. Yo me siento muy emocionada, pero la euforia se acaba cuando nos empiezan a dar una conferencia a la que ya no le presto atención, pues el lugar tiene muchos distractores y yo solo quiero aprovechar el lugar con mis amigos.

 

 

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Grecia Juárez

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