No fue todo tan malo

No fue todo tan malo

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Me despierto un 9 de Marzo a las 4:30 de la mañana y con el sueño encima, hago un esfuerzo por levantarme de la cama, para después empezar vestirme. Mi día pinta bien, ignorando el hecho de que es muy temprano. Me dispongo a desayunar algo y tomo un yogurt para resistir el camino hacia la Ciudad de México. A pesar de todo me siento con ánimo de emprender el viaje, aunque reconozco lo cansado que será. Estoy con el tiempo encima para llegar a la universidad en donde tenemos cita para salir, pido un Uber lo más rápido que puedo y tomo mi mochila. Durante el corto camino de mi casa a mi destino, me siento segura de que voy con tiempo de sobra, por lo que decido ordenar un poco mi mochila de viaje.

Llego al punto de reunión donde me encuentro con todos mis compañeros, varios con la misma cara de cansancio a excepción de algunos que lucían con mucha energía a pesar de la hora. Después de 15 minutos, se estacionan los vehículos que nos llevarán a Ciudad de México y con mucho frío me subo. Con pocas expectativas me acomodo en el primer lugar que encuentro, ya que lo único que quiero es dormir un poco más. No logro conciliar el sueño, el conductor del vehículo maneja muy mal. Sin embargo, el cansancio me vence y a los 30 min caigo más que rendida.

Después de treinta minutos o una hora tal vez, despierto por el ruido incontrolable del tráfico. Con mucho trabajo abro mis ojos y puedo notar que nos encontramos justo en medio de una ola de autos. La llegada a la primera empresa “A favor de lo mejor” fue todo una Odisea, agregando que llegamos con media hora de retraso. A pesar de eso, llegué sana y salva, bajo del vehiculo, estiro un poco mis piernas y empiezo a hablar con algunos de mis compañeros acerca de lo malo que fue el viaje. “El conductor maneja terrible”, dijo alguien. Al entrar en “A favor de lo mejor”, nos ofrecen galletas, agua, café, lo cual no me pudo caer mejor. Después de adaptarnos un poco al contexto que nos rodea, nos invitan a sentarnos y empiezan las pláticas. Durante las charlas me siento entusiasmada y motivada por la visión de la empresa, definitivamente “A favor de lo mejor” atrapó mi atención desde que llegamos. Termina la charla y salimos lo más rápido que podemos, puesto que vamos tarde a la siguiente empresa.

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Subo al auto con mucha alegría, la primera empresa ha sido todo un éxito por lo que espero la siguiente con ánimo. El camino fue muy largo, pero la ilusión que tenía de llegar me brindó paciencia. Llegamos a nuestro destino, Pico Adworks es definitivamente la mejor empresa que he pisado en mi vida. Más de dos personas quedamos quedamos sorprendidos. Me enamoré de la empresa, del concepto, de las ideas y de las instalaciones. Todo me pareció innovador y original. Nos sentamos en la sala de juntas y el encargado de Pico, nos da muy amablemente la bienvenida, para ese entonces yo me sentía más que feliz, me imaginé trabajando en un lugar como este. A continuación empezó a hablar y nos contó un poco sobre la empresa, la visión y algunos trabajos que habían realizado previamente. Miré a varios de mis compañeros y como yo tenían cara de alegría. Para finalizar con la visita, nos muestran las increíbles instalaciones que a diferencia de “A favor de lo mejor”, eran mucho más creativas y acogedoras.

Salimos de Pico y mis expectativas del viaje crecieron muchísimo, quede encantada con ambas empresas, lo cual me hizo olvidar el hambre que tenía. Mi estómago exigía comida y gracias a Dios nuestro siguiente destino era Polanco, donde pararemos a comer. Del recorrido hacia nuestro destino, ni hablar, fue igual o más estresante que los otros, sin embargo, no importó mucho porque mis ansias por comer algo eran más grandes que otra cosa. Bajamos del vehículo con rapidez, ya que tenemos el tiempo encima y todos quieren llegar a tiempo a la siguiente organización; Google.

Todos comen como puede y con mucha rapidez, algunos molestos por el poco tiempo que tenemos para comer y otros más que molestos, entusiasmados por la siguiente visita. Subimos a los autos nuevamente. Algunos con bolsas de comida por el escaso tiempo. Todos recuperan fuerzas pues la mayoría va con mucha energía. La llegada a Google no fue muy larga, tardamos a lo mucho 15 minutos.

Bajamos todos muy entusiasmados y con ganas de entrar ya a Google. Varios se tomaron fotos junto al logo y otros hablaban de lo increíble que sería la experiencia. Entramos, pidieron que nos registramos y a continuación nos invitan a pasar a la sala de conferencias. Todo muy acorde con Google. En ese momento me siento muy feliz de haber hecho este viaje. “Valió la pena haberme despertado a las 4:30 de la mañana”, pensé. Comienza la charla y todos escuchamos con ansias, sin embargo, 10 minutos fueron suficientes para darnos cuenta que la plática era básicamente para vendernos la línea de productos de Google for education.

why-need-img-2Un poco decepcionada me paro para estirar un poco las piernas, la “conferencia” había concluido. Me siento desanimada, no aprendí nada de lo que es Google, ni de su visión y misión. Como sea, el viaje no fue del todo malo. Conocí empresas muy padres, que me dejaron experiencias “chidas”.

Por: Andrea García Espinosa

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