La vida cambia de un momento a otro

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La mujer más alegre que conozco.

Ella se sienta en la silla de la barra, mientras empieza a acomodar algunas rosas en el florero, le preocupa que falten por el resto de la semana y, además, disfruta la actividad de cortarlas y pensar de qué manera se verían mejor. Un tanto nerviosa, se dispone a contarme su vida a pesar de que ya lo ha hecho varias veces.

Nacida en San Juan, un pequeño pueblo cerca de San Martín, mi madre creció en un ambiente rural que le permitió disfrutar su niñez mientras corría en el campo y se bañaba en el río, junto con sus hermanos y primos. Unos años después, llegó a la ciudad cuando sus padres decidieron apostar por un negocio en el Centro de Puebla, lo que los obligó a mudarse a la ciudad.

Con un cambio de aires en su niñez, más tarde, un matrimonio joven tres hijos,

Hoy me siento plena y feliz por todas las cosas que he aprendido a lo largo de mi vida.

Un suceso que nos cambió la vida

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Cunado tenía (…) años, mi mamá se enfrentó a un problema de salud que a mi padre le hizo replantearse el significado de la vida, y a mis hermanos y a mí, hacernos más conscientes de condiciones que ni siquiera imaginábamos.

Rubí Ojeda Osorio un día se levanta y siente dolor en el dedo del pie, después de un par de días acude al médico, le hacen varios estudios y no le detectan la causa. Al cabo de una semana, llegan con un Neurólogo que le dice que debe operarse inmediatamente, pues le anuncia que padece una enfermedad llamada Siringomielia.

Mi madre se opera y, a partir de ahí, empieza un largo proceso de recuperación que al principio es difícil; depende de la ayuda de todos para poder hacer sus actividades diarias, y permanece en reposo. Los años posteriores son una constante visita a especialistas, fisioterapeutas y opciones alternativas.

La fortaleza, su gran cualidad

Durante esa etapa difícil nunca me tocó ver a mi madre quejándose, ni siquiera la recuerdo en un estado anímico bajo, pues a pesar de la condición y de las múltiples cosas que no funcionaban bien, ella nos recibía con una sonrisa en el rostro cuando llegábamos de la escuela.

La situación simplemente mejoró cuando, unido al aprendizaje que significaron los cambios en la vida cotidiana de mi madre, se integró también el descubrimiento de otros caminos como el de su propia vida como mujer además de madre y el replanteamiento de las creencias que tiene hoy en día.

 

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